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domingo, 20 de septiembre de 2009

[4 x 1] parte 4...

Desperté y eran apenas las ocho de la mañana, te mire a mi lado, desnudo y con el brillo que tu piel adquiere después de una dosis alta de sexo. Comencé a besar tu boca con hambre y pude sentir como ronroneando como un gatito despertabas, me puso tan cachonda tu mirada asombrada, y más aún tus brazos fuertes atrayéndome a ti, mientras mi entrepierna podía sentir tu pene para entonces ya erecto.

-Me encanta que amanezcas tan puta- me susurraste al oído, esas palabras despertaron más mis ganas y te besé más apasionadamente al tiempo que tu erección era más evidente.

Entonces hice las cobijas a un lado dejando que el aire frio acariciara nuestros cuerpos ardientes, me subí encima de ti y acerque mis tetas a tu boca, sin dudarlo un instante, comenzaste a estrujarlas con tus manos, mientras mordías, lamias y besabas mis pezones, yo respondía a tus caricias con grititos cada vez más sonoros.

Cuando el placer llegaba casi a su punto máximo, quise que tu también sintieras y baje por tu cuerpo viéndote con esa mirada de puta que tan caliente te pone, llegue hasta tu verga y sin aviso comencé a meterla a mi boca, hasta que estuvo toda dentro, pude sentir como te estremecías, mientras casi me gritabas –Me encanta como me la mamas-

Tu verga caliente era presa de mis manos, de mi boca, que jugaban alternadamente con ella, y cuando me dijiste que estabas a punto de explotar, deje mi delicioso manjar y sin aviso me monte en tu cuerpo dejando que tu verga dura me penetrara por completo.

Con el vaivén armonioso de dos cuerpos que se complementan a la perfección, prolongue tus gritos y ahogue los míos, sintiendo entre espasmos como tu semen se derramaba en mi interior, mientras me tumbaba exhausta por las 4 maravillosas veces que hicimos el amor en menos de 24 horas.

sábado, 8 de agosto de 2009

[4 x 1] parte 3...

Salimos de prisa, escondidos entre las sombras, caminamos de la mano, y te juro que el solo rose de tus dedos con los míos producía electricidad, no se si era por lo que acabábamos de hacer hacia unos minutos en tu cama o por las ganas de que pasara lo que siguiera.

Llegamos a donde había muchos, pero siempre tu y yo con el pacto de no prestar atención a los demás de entregarnos como siempre a nuestras ganas, el abrigo me estorbaba, lo dejamos encargado, me adelante un poco meneando mis nalgas para que tu de lejos pudieras admirarlas, pude ver como tu mano bajo a mis piernas largas y luego volvió a subir, esa mirada estaba quemando ya mi entrepierna, y abultando la tuya.

La oscuridad y el ruido fueron nuestros cómplices, bailamos como nunca, mas pegados que nunca, toda la noche, pude sentir en mi vientre tu pene erecto, y cuando había oportunidad, lo comprobaba con mis manos, tu no podías quedarte atrás, secretamente jugueteabas con tu pierna, enredándola entre las mías, acalorándome más, tocabas cuando te daban ganas mis nalgas, disfrutando de su forma tan redonda, acercándome con ese movimiento más a ti, mis pezones como tu pene toda la noche permanecieron duros.

Nuestro baile me excitaba y no quería más que bailarte en privado y escurrir en sudor, tanto o mas como lo estaba haciendo ya, mis pensamientos produjeron un gemido, que al desahogarlo en tu oído, pude notar como te estremeciste.

Ya no quería estar mas ahí, quería llegar a tu cama, quitarte todo, comerte hasta saciarme y luego montarme en ti. Debiste adivinar mis pensamientos porque me tomaste de la mano y salimos con rapidez.

Apenas abriste la puerta de la casa, me lancé a tu boca, devorándote con besos cada vez mas hambrientos, subimos al dormitorio, nos desnudamos y nos recostamos, te subiste encima de mi, y comenzaste a besar mi cuello, volviéndome loca con la saliva que escurría de tu boca sobre mi cuerpo; seguiste besándome, llegando a mis tetas, las tomaste entre tus brazos, disfrutando su forma, luego introdujiste en tu boca uno de mis pezones y lo mordiste despacito arrancándome un grito, luego con tu lengua moviéndose en círculos, lo lamiste, y repetiste el proceso con el otro, haciendo que de inmediato mi entrepierna se empapara, tu muslo lo noto, y bajaste poco a poco tu cabeza, besando mi vientre, y luego llegando a ese lugar escondido entre mis piernas.

Me miraste antes de continuar y luego, luego…. Aaaaa, comenzaste a jugar con tus labios, besando los míos, dedicándole tiempo a mi clítoris, mezclando tu saliva con mis fluidos, y metiendo tu lengua en mi vagina, tremendamente caliente, yo sostuve tu cabeza para hacerte entrar mas en contacto con mi interior, tu te sujetabas con fuerza de mis nalgas, como pretendiendo que no me quitara, pero mis ganas, no podrían dejarme hacer eso, yo gritaba y gemía como loca, era delicioso sentir tu lengua deshaciendo mis sentidos.

Cuando te percataste que estaba a punto del orgasmo, subiste a besar mis otros labios, y de un solo golpe, te metiste en mí, con una erección caliente, grande y llena de ganas de venirse dentro de mí, te abrace arañando tu espalda con cada embestida que dabas, mientras sentía tu pene perforarme, me besabas el cuello, y en ratos bajabas tu boca a mis pechos, te enredé con mis piernas para sentirte mas dentro, mis gritos no se hicieron esperar y tu respiración cada vez era mas cortada, de pronto sentí como tu cuerpo se contraía en contra de tu voluntad, tu cabeza se hecho para atrás y de tu boca escaparon gemidos cada vez mas prolongados, yo sabía lo que esa escena significaba, podía sentir como tu semen se derramaba en mi interior, supe que habías alcanzado el orgasmo.

Te tomo unos segundos reponerte, y seguiste moviéndote cada vez con mas fuerza, hasta que lograste llevarme contigo, sentí una presión en mi cuerpo, me aleje del mundo por un momento, y sentí como mis muslos estaban empapados, grite como loca, sin importarme nada mas que el torrente de emoción en el que estaba.

Cuando un suspiro hondo te informo, que yo también había tenido el orgasmo tan placentero y prolongado, tumbaste tu cabeza en mi pecho, te di un beso en la frente y te abrace. Y esa noche dormimos abrazados.

miércoles, 5 de agosto de 2009

[4 X 1] parte 2...

Después de un sueño igual de placentero que nuestro encuentro tan cercano, mis piernas aun sentían temblar del gado de excitación al que había llegado; te bese, logrando despertarte; era un poco tarde y aun nos quedaban cosas por hacer.

Nos levantamos, la ducha nos esperaba, caminamos, desnudos por el pasillo, mi sangre hervía de las ganas que aun tenia de ti, el agua me parecía fría con lo caliente que se encontraba mi cuerpo, me fascina admirar tu cuerpo desnudo bajo el agua, porque imagino que cuando te duchas sin mi, esas gotas que caen en tus hombros, resbalan por tu pecho, escurren por tu pene, y mojan finalmente tus muslos; son mis manos, ansiosas siempre de ti. Mientras mi mirada seguía el recorrido del agua, mis pensamientos lograron erectar mis pezones, y tu lo notaste de inmediato, porque comenzaste a masajearlos de una manera tan deliciosa, que de mi boca escapo un gemido.

No se como viendo la rapidez con la que tu pene se ponía grande, pude concentrarme en enjabonar mi cabello, mientras yo lo masajeaba a él, tu seguías masajeando todo mi cuerpo.

Después de un rato de jugueteos, por fin conseguimos ducharnos, en ese momento accidentalmente se resbalo el jabón llegando hasta el piso, y mientras yo lo levantaba, siempre procurando que pudieras admirar bien mis nalgas, tu me atrajiste hacia ti, acercaste a mi trasero tu poderosa erección; y sentí una potente descarga eléctrica que me recorrió, me levante, y de inmediato me giraste hacía a ti, para que ahora pudiera sentir tu pene acercándose a la humedad confundida con el agua; me besaste tan hambrientamente, que un momento más que tu lengua penetrara mi boca, y ahí mismo entre el agua chorreante, me hubiera entregado a ti.

Después de un ducha como ninguna, salimos desnudos aun, y mientras me vestía seguía provocándote, usaría una tanga totalmente transparente, que te dejaría muy poco a la imaginación, unos shorts cortos, blancos, muy ceñidos a mi cuerpo, que hacían ver mis nalgas en todo su esplendor; mientras tu también te ponías una camisa blanca muy liviana; yo me ponía mis tacones de aguja, tan altos, que al abrazarte mi entrepierna siempre cruzaría con la tuya. Me peine y maquille, siempre con el coqueteo, y tu con la mirada que me reclama tuya.

Cuando estuve lista para ti, se te ocurrió una idea repentina; me guiaste a tu cama y me tumbaste ahí, yo no opuse resistencia sabia perfecto lo que ocurriría ahí, pero no me interesaba para nada evitarlo, subiste mi blusa para admirar mis tetas, contenidas en un sostén de tela tan delgada, que al instante fue notorio mi pezón erecto, quitaste todo lo que te estorbaba, estrujaste mis curvas, me besaste con la necesidad de quien no ha devorado en tiempo largo su bocado favorito.

De repente, sin aviso y para mi asombro bajaste la cremallera de tu pantalón, bajaste tus bóxers, y pude ver tu hermosa erección, completamente lista para mí. Quise acariciarte, pero la fuerza que te daba el que estuvieras de pie y yo tumbada, me lo impidió.

Así yo recostada en la orilla de la cama, sin ropa, pero perfectamente peinada, maquillada y perfumada, te esperaba, con mi vagina empapada; me lanzaste una ultima mirada y me penetraste, tu posición de pie, solo conseguía que entraras más y más, pude sentir como mi cuerpo se amoldaba al tuyo, como cada vez estaba mas mojada, y tu mas duro.

Rodee tus caderas con mis piernas, empujándote mas dentro, tu sujetabas con fuerza mis nalgas acercándome mas a ti, mis manos aferradas el borde la cama, estaba tan excitada, y tu también, no te habías quitado la camisa y podía ver en la oscuridad como el sudor escurría por tu cara.

En cuestión de minutos, a la par llegamos al orgasmo, mis gritos fueron desmedidos, seguramente los pudieron escuchar los vecinos, sentí como estallaste en mi interior, y un calor impresionante rodeaba mis caderas.

Te tumbaste a mi lado, acurrucándote en mis pechos. Nos dimos un beso… y luego, luego nos vestimos de nuevo, la noche era larga, y aun teníamos cosas pendientes, y nosotros ya estábamos totalmente listos!

lunes, 3 de agosto de 2009

[4 x 1] parte 1...

Esa noche no pudo haber sido más suculenta…

Llegue a tu casa cuando el sol estaba por meterse, las 6 de la tarde debían ser, la pequeña maleta que apresuradamente hice, informaba a cualquier vecino que pudiera verme, que mi intención no era pasar ahí solo un rato… nuestros planes pintaban para largo.

Me recibiste, como quien recibe a su presa, esa que apenas cruzando la puerta va a devorar, simule tener sed, y un vaso de agua te pedí, la misma que resbalo con mas lentitud de la normal por mi garganta, era fría, pero ni su temperatura consiguió apagar el fuego que entre mis pechos ardía.

Subimos a tu habitación y nos prometimos solo dormir, pero desde el momento en el que sorpresivamente me abrazaste por atrás y sentí tu miembro en mis nalgas, supe que esa tarde nos prometía a nosotros ser larga.

Comenzaste besando mi cuello, y en medio del silencio de la habitación, podía escuchar tu lengua escurriendo, al mismo tiempo que mis caderas hacían movimientos circulares con un solo fin, encender más tu cuerpo, ponerte más duro, ponerte más grande.

No pude resistir la tortura que alargabas con tu lengua entrando en mi oído, simulando que entraba en otro lugar más húmedo, tu sabes cual…

Me di media vuelta, y sin aviso previo deposité mi mano justo debajo de tu pantalón, masajeando tu pene con delicadeza, tu desesperación se hizo notar con la urgencia de tus besos, podía sentir tu lengua más caliente, mas traviesa, como descendió por todo mi cuello y quitando de un solo movimiento blusa y sostén, para seguir con tu recorrido, hasta llegar a mis pezones, morderlos, lamerlos, chuparlos… me hiciste a tu antojo, de mi boca solo salían pequeños gritos ahogados, claro siempre procurando que los vecinos no notaran mi presencia en tu cama.

No supe el momento preciso en el que nuestras manos torpes, guiadas por la lujuria, quitaron de nuestros cuerpos las ropas… pero de pronto yo ya estaba montada encima de ti, besando tu cuello, y susurrándote de vez en cuando palabras traviesas, y quise prolongar la deliciosa agonía, esa que había erectado tu pene como nunca antes, era posible ver tus venas, completamente dilatadas, de toda la sangre que por ellas pasaba, eras completamente recto, completamente dispuesto a penetrarme.

Bese tu pecho, baje por tu abdomen, y ya no necesite recorrer más, me detuve a devorarte, a lamer tu miembro desde la base hasta la punta, empapándolo con mi saliva caliente, mordiéndolo, succionándolo, así como se hacer, así como te vuelve loco que lo haga, me tomaste la cabeza como intentando penetrar mas profundamente mi boca, pero me quite, no era así como quería que te vinieras.

Mientras estabas perdido en tu torbellino de emociones, me monte en ti, haciendo que tu pene entrara lo más adentro posible, sintiendo la presión con la que se iba abriendo paso, y la maestría con la que se amoldaba a mis paredes, de pronto sentí un calor que quemaba, y muy seguramente tu también lo notaste, porque atinaste a decir: estas que ardes.

Pero aleje de ti cualquier palabra, te cabalgue, con movimiento circulares, rítmicos y sincrónicos, ese día yo llevaba las riendas, yo mandaba; y al parecer a ti no te desagradaba, tomaste entre tus manos mis pechos estrujándolos con tal fuerza que de inmediato mis pezones se erectaron, era fascínate la sensación de sentir tu pene perforando mis entrañas, mientras que con tus manos jugueteabas con mis tetas.

Las embestidas se hicieron cada vez más fuertes, y yo cada vez te sentía más dentro, de pronto con un solo movimiento; llegamos al orgasmo los dos juntos, como nos gusta tanto hacerlo; sentí tu semen escurrir dentro mío combinado con la humedad que había crecido. Los gritos ya no fueron mudos y poco nos importaron los vecinos.

Caí rendida sobre ti, después de cabalgata tan ardua, a cualquiera le da sueño; me acurruque entre tus brazos, y nos quedamos dormidos….